Un paso antes del Diálogo: considerar las distintas percepciones que se tienen del sector extractivo,
por Flavia Moens de Hase – Analista de Investigación Social en Colaboración Estratégica.
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Entre 2017 y 2019 Colaboración Estratégica fue parte del co-diseño y gestión del Grupo Latinoamericano sobre el Sector Extractivo (#GLASE), una serie de Diálogos con Resultados que gatillaron instancias similares en diversos países de la región, sobre todo enfocados en minería. De estas experiencias, salta a la vista la evidente necesidad de enfocarse en la percepción social que se tiene del sector extractivo en América Latina y el Caribe (ALC). En particular en un contexto en el que la industria extractiva es percibida de manera ambivalente por distintos actores sociales, es clave que esta actividad se base en un acuerdo transversal que considere la realidad, las expectativas y los límites que debiera tener. Así, el diálogo emerge como una poderosa herramienta para abordar los desafíos y potenciar las oportunidades que enfrenta esta industria en la región.
Algunos sectores de opinión consideran al sector extractivo como gravitante para la economía regional debido a sus indicadores económicos. Además, las industrias extractivas de ALC son líderes a nivel global en la producción de litio, cobre y plata, y poseen importantes reservas de estos y otros recursos que se plantean como necesarios para la descarbonización de la economía. En efecto, la transición energética requiere de grandes cantidades de metales y minerales como el litio, el cobre o las tierras raras. De acuerdo con las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda total de cobre aumentará de 57% entre 2022 y 2050, y la demanda total de litio aumentará de 854% entre las mismas fechas (AIE, 2023).
No obstante, el sector extractivo enfrenta diversas críticas. Por un lado, la alta dependencia de recursos naturales y la baja incorporación de conocimiento en sus procesos productivos plantean retos para su sostenibilidad y competitividad en un mundo orientado hacia la innovación y la economía del conocimiento.
Por otro lado, la minería artesanal, informal o ilegal representa un grave problema ya que presenta “graves impactos ambientales asociados a la contaminación, deforestación, destrucción de la biodiversidad, violaciones a los derechos humanos, invasión de la propiedad privada, problemas con tierras indígenas protegidas y con autoridades gubernamentales” (Zárate et. al., 2020: 158).
Además, la industria extractiva genera dos tipos de conflictos en los territorios. Por una parte, los conflictos socioambientales ligados a los impactos que tiene el sector sobre los ecosistemas y las comunidades, la competencia que genera por recursos escasos como el agua y sus emisiones de gases de efecto invernadero. Por otra parte, los conflictos relacionados con “la defensa del territorio […], [el] desplazamiento y reubicación de comunidades, ocupación ilegal de tierras, violencia y persecución de líderes ambientales, […] falencias en el cumplimiento de la normatividad y ausencia de instancias de participación” (Zárate et. al., 2020: 161), entre otros elementos.
Una última crítica que enfrenta la industria extractiva es la falta de vínculos productivos del sector con la economía y la sociedad en su conjunto, lo que limita su efecto positivo en el crecimiento económico y la mejora de las condiciones de vida de la región. En efecto, de acuerdo con Ruth Zárate, Claudia Vélez y José A. Caballero, el análisis de los indicadores sociales muestran un escenario de pobreza elevado y de desigualdad en las zonas extractivas de distintos países de ALC (Zárate et. al., 2020: 158). Así, algunos argumentan que los beneficios del sector extractivo son disfrutados por pocos mientras que sus externalidades negativas son padecidas por las comunidades más vulnerables.
Ligado a lo anterior, una crítica importante que se hace al sector extractivo es que, bajo el argumento de la transición energética del Norte Global, pasa desapercibido el rol clave que el Sur Global juega en esta. Así, como lo indica Astrid Becker, es esencial tener en cuenta que “la necesaria reforma del sector energético en el Norte Global [podría contribuir] a la ampliación de las desigualdades neocoloniales en el Sur Global y [amenazar] allí la sostenibilidad ecológica y social. […] [Así,] son precisamente los grupos poblacionales que menos contribuyen a la crisis climática los que más podrían sufrir las consecuencias del cambio económico” (Becker, 2021).
Todas estas visiones positivas y negativas sobre la industria extractiva deben tomarse en cuenta en los pasos anteriores a los procesos de diálogo y colaboración, para que estos se inicien con honestidad y confianza entre las partes. Ello para lograr acuerdos que logren realmente limitar los efectos negativos de la industria, y generar beneficios para la sociedad en su conjunto. Sólo gracias a la colaboración se podría evitar que la protección del clima en los países industrializados occidentales se lleve a cabo a costa de grupos y ecosistemas desfavorecidos en ALC y otras partes del mundo.
En este contexto, la gobernanza público-privada, la transparencia y el diálogo juegan un papel crucial. El punto de partida del diálogo debe ser la búsqueda de un acuerdo sobre la realidad del sector y cómo lo perciben los diferentes actores de la sociedad. Luego se debe construir una visión compartida respecto a cómo se debe desarrollar la actividad extractiva y cómo se deben distribuir los beneficios que reporta, y a partir de ello, comprometer a los actores con las acciones requeridas para lograrlo. Es esencial que todas las partes interesadas participen activamente en el proceso y se comprometan para que el diálogo produzca resultados de beneficio compartido y reduzca la conflictividad socioambiental.
La experiencia del #GLASE demuestra que el diálogo entre intereses diversos es posible y enriquecedor para las partes y para el conjunto de la sociedad. Es necesario superar visiones contrapuestas y prejuicios que dificultan el diálogo y la construcción de acuerdos sobre el futuro del sector extractivo, en particular en el contexto global de transición energética. Una institucionalidad o gobernanza público-privada eficiente es imprescindible para asegurar la colaboración de todos los actores involucrados y resguardar los intereses y derechos de la ciudadanía y de las futuras generaciones.
*El documento final del GLASE está disponible en: https://colaboracionestrategica.cl/glase-2020-hacia-una-nueva-vision-compartida-sobre-el-sector-extractivo-y-su-rol-en-el-desarrollo-sostenible-de-america-latina-y-el-caribe/
Referencias:
Agencia Internacional de la Energía (2023). Critical Minerals Data Explorer. URL: https://www.iea.org/data-and-statistics/data-tools/critical-minerals-data-explorer (accedido el 01-08-2023).
Becker, Astrid (2021). La transición energética y la guerra por los recursos del Sur global. Nueva Sociedad, online. URL: https://nuso.org/articulo/transicion-energetica-recursos-sur-global-litio/ (accedido el 01-08-2023).
Zárate, Ruth, Vélez. Claudia y Caballero, José A. (2020). La industria extractiva en América Latina, su incidencia y los conflictos socioambientales derivados del sector minero e hidrocarburos. Revista Espacios, 41(24): 154-167.
